PEQUEÑO ESTUDIO

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PEQUEÑO ESTUDIO DE LA FLORA BACTERIANA (1ª parte)

Y (2ª parte)

 

PEQUEÑO ESTUDIO DE LA FLORA BACTERIANA

         Pequeño por no estudiar todo el complejo, y flora por ensañarme más con las bacterias que es lo que me interesa en este momento. Quizás, o seguramente lo publique en varios capítulos, es largo y es complejo a pesar de ser un “PEQUEÑO ESTUDIO”.

         Ya sabéis que mi trabajo es más divulgativo porque pienso que es más fácil adelgazar si te han enseñado que no es conveniente estar gordo, que adelgazar porque te lo dice tu novio.

         Cosas que debemos saber o aprender. Las bacterias son elementos vivos unicelulares con más de 1.500 millones de vida y fueron, por asociación, por conjugación, por cambio de ADN, por infección de un virus u otra bacteria conformando la vida tal cual la conocemos.

         Las bacterias son ubicuas, esta palabra significa que están en todas partes incluso en el espacio o en las aguas termales, frías, saliva e intestinos. En un gramo de tierra hay más bacterias que españoles en España y en ese gramo se producen tales cantidades de reacciones químicas, gracias a las bacterias, que no son reproducibles en los mejores laboratorios actuales. Por lo tanto, cuanto se te caiga al suelo, un pan con fuagrás (¿foigras?), según la ley de Murphy, te lo comes, vas a mejorar tu flora bacteriana.

         No pasa nada, todos los niños lo hacen y con ello mejora la inmunidad ¿cómo? Mediante las bacteriocinas que son antibióticos generados por las propias bacterias, estas bacteriocinas controlan las bacterias indeseables ¿cómo lo saben? Todas las células generan elementos químicos que las identifican y permite formar colonias uniformes. Si a una colonia llega una bacteria indeseable se genera una respuesta agresiva: se le saca tarjeta roja (bacteriocina al canto) para expulsarla del lugar.

         Sin ese gramo de tierra y las reacciones químicas que en él ocurren las plantas no vivirían, al menos como las conocemos nosotros, y los animales o no existirían o no seríamos iguales.

         Las bacterias son procariotas, antes de las “eucariotas”, o “Pro” hacia, favorecedor de, que dio lugar a las eucariotas, hace unos 1.500 millones de años, y cuya diferencia es sencilla: las procariotas no tienen el ADN en un núcleo, las eucariotas sí. Las procariotas son unicelulares y las eucariotas sí dan lugar a seres pluricelulares, como manifestación general.

         Qué ocurre con este sistema del ADN. Las eucariotas cuando se dividen asexualmente lo hacen dividiendo su ADN al unísono para que cada célula hija lleve asociado el mismo ADN, ralentizan la evolución. La evolución aquí, como en la raza humana, se produce por pequeñas malformaciones o recombinaciones del ADN. A veces son sencillas expresiones: ojos azules, y otras son adaptativas: pulgar opuesto que es uno de los fenómenos más sencillos que ha dado lugar a nuestra civilización junto a “comer almidón”.

         Con las bacterias hay una pequeñísima diferencia, en algún momento de la división y por factores desconocidos, puede que se olvide algo del ADN en un rincón, lo que puede dar lugar a una división celular con células hijas con ADN distinto, aceleración de la evolución, este factor forma parte de ella, no es nada extraño. Si la anomalía es buena esa nueva bacteria sobrevivirá y conquistará su nicho ecológico, si la variación genética no da resultado la mutación desaparecerá.

         En algún momento determinante para la evolución una bacteria se comió a otra pero por la razón que fuere la asimiló. Es la mitocondria. Las bacterias disponen de dos elementos, adhesinas y ligandos por un lado y bacteriocinas por otro. Esto es fundamental en el concepto de la vida actual y se os debe quedar grabado.

         La mitocondria era una bacteria móvil a merced de las corrientes de agua y por las circunstancias de aquel entonces llegó a una colonia de bacterias que la acogió, no sólo eso, sino que la refugió dentro de sí misma. Imaginemos que la mitocondria ya quemaba glucosa por lo que desprendía calor ¿quién de vosotros no metería una estufita en su casa? le das leña, glucosa, y tienes calor y energía con lo que puedes funcionar todo el año, incluido el invierno.

         Esto da lugar a uno de los hechos más fundamentales de la vida, esa gran diferencia entre procariotas y eucariotas. Las bacterias pueden vivir eternamente, las eucariotas forman tejidos que deben renovarse y por tanto morir, se llama apoptosis y esta muerte celular está programada.

         Estas bacterias empezaron una evolución mucho más eficiente, dando lugar a estructuras más rígidas en las que se asentará la creación del reino de las plantas y el de los animales.

         Las adhesinas y ligandos las utilizan las bacterias para formar colonias y adherirse a otras superficies, entre ellas nuestro intestino. Las bacteriocinas son antibióticos contra otra serie de bichitos vivos de aquel entonces, que en su mayoría eran otras bacterias y virus aunque finalmente también a hongos y levaduras. Es una guerra diaria sin cuartel.

         Sin embargo las bacterias seguían pululando por doquier y, cuando el tipo de células más evolucionadas, las eucariotas, empezó a formar cuerpos complejos, células unidas entre sí con un cometido común, las bacterias se dieron cuenta que una asociación era lo mejor para obtener comida. Tenían comida y estaban calentitas.

         Empieza la simbiosis de la manera más sencilla que se pueda imaginar. Una bacteria pasaba por allí y se queda. La comida pasa a través de una especie de tubo inicial y las bacterias realizan una digestión de algún producto. El hospedante se encuentra con que recibe otro tipo de alimento que le favorece y que él, por sí solo, no lo puede obtener.

         Esta simbiosis, comensalía, es la que tenemos nosotros con las bacterias que pueblan nuestro intestino, aparte de otros muchos microorganismos que realizan la misma función: ayudarnos a que nuestras digestiones sean lo más correctas posibles. Sin embargo nadie come lo mismo por lo cual nuestras bacterias son distintas entre nosotros, hay variabilidad en función del tipo de comida, de la cocción o no, de la desinfección o no.

         El primate que dio lugar a nuestros antecesores era carnívoro y además carroñero, no despreciaba nada, no podía. También comía bayas, algunas raíces, manzanas no, porque no se había escrito la Biblia, y por la eterna casualidad que da lugar a la evolución, encontró un notable sustento de almidón, quiero decir: azúcar en potencia, mal llamados hidratos de carbono. Habría que encontrar que tipo de alimento era ese ¿mandioca o sus congéneres? No creo es tóxica sino se elabora ¿Un cereal? Es tóxico sino se cocina ¿legumbres en África?

         Mi idea sería el dátil. La palmera es abundante en todo el continente de norte a sur y más en zonas despejadas y desérticas, menos enemigos. Fácil de comer, en muchos casos no importa ni tan siquiera subir a la palmera, el dátil cae libremente en su previa madurez y, con el tiempo, adquiere mayor nivel de azúcar al tiempo que puede fermentar y generar algo de alcohol o acético. Es la tierra prometida.

         El Homo igcógnita u Homo palmeriensis comienza con el aporte de azúcar que le satisface enormemente a su cerebro. La alfa-amilasa aumenta, el cerebro demanda sitio y el cráneo aumenta su volumen. La evolución humana es imparable. Esto sucedió hace dos millones de años hacia nosotros. Mientras los cazadores continúan con su trabajo.

         Las bacterias también continúan con su trabajo, ahora deben fermentar o desmontar más cantidad de un producto, almidón, que no les satisface en demasía, de hecho es más útil dejarlo pasar y que lo acaben las levaduras que están, según vas bajando, al fondo.

         Ya dije que existe variabilidad de esta biota según comamos.          

         Y también existirá otra variación en el caso de los contaminantes aportados con la comida u otros productos en nuestro medio ambiente. Los fosfatos son bactericidas naturales pero selectivos y, en bajas concentraciones, impiden el crecimiento de algunos tipos de bacterias lo que provoca una selectividad y empobrecimiento de nuestras bacterias del intestino. Bueno, no crean que los fosfatos están sólo en los abonos, también nos rodean con la “civilización” actual. Detergentes, quesos procesados pero también en los dientes o los huesos y en ese bichito raro llamado mitocondria que lo utiliza para darnos vida, ATP, adenosín trifosfato, la energía que necesita la célula para vivir y movernos.

         Ahora la bioquímica y la microbiología admite que existen algunos miles de bacterias más que nunca se han identificado por cultivarlas en medios con fosfatos.

         No podemos vivir sin fosfatos que se asimilan a través de las plantas comestibles o de otros animales, pero debemos tener en cuenta los fosfatos libres que tomamos con otras comidas, el del jamón york para que perdure en el tiempo. Ese fosfato es el problemático para nuestras bacterias. En el momento en que ellas se presentan para realizar la digestión ¡zas! fosfatazo que te crio y claro, no es plan, o no se digiere, o se digiere mal. Finalmente nos quedamos empobrecidos y nuestras digestiones son pesadas ante cierto tipo de comidas. Es así de sencillo.

         Pero la naturaleza nos ha dado un remedio al alcance de todos. La fermentación. En concreto la fermentación láctica que, erróneamente a lo que la gente piensa, se produce en muchas partes. Las bacterias producen fermentación láctica, que es la que nos interesará, pero también los hongos. También hay fermentación láctica en las células musculares cuando corremos sin aportación de oxígeno.

         Esta es la característica de esta reacción química: se realiza dentro de la célula y se produce ácido láctico a costa de la glucosa en ausencia de oxígeno. Es conocida como la ruta metabólica anaeróbica y que podría estar presente en la fatiga crónica y la fibromialgia, pero no es el momento para analizarlas, solo recordarlo para futuros artículos.

         La vida es más sencilla de lo que parece, todo está íntimamente interrelacionado. Cuando la naturaleza descubre la mitocondria y su papel energético la ha mantenido a lo largo de estos 1.500 millones de años en plantas y animales, tanto que la reacción del ATP es la misma y con el mismo resultado. Que nadie se asuste, las reacciones químicas son las mismas y por tanto el resultado es el mismo con el mismo balance energético.

         Pues todo el principio de lo que hablamos gira en torno a la glucosa, exoxa o aldosa, aldoexoxa y dextrosa para la industria agroalimentaria. Ahora que estoy aquí os indico que la dextrosa es la clave energética de la célula. Es lo que se consume para obtener energía, bien a través de procesos orgánicos complejos, ciclo de Krebs mediante la presencia de oxígeno y el del ácido láctico en su ausencia.

         La glucosa es digestible por todas las células del cuerpo humano y la fructosa, el azúcar de las frutas, no. Solo son digeribles por el hígado al cual castigamos con estos azúcares y le provocamos hígado graso. Mientras el hígado deba digerir fructosa no realiza otra función, se acumula grasa, se genera colesterol, bueno os lo explicaré en el artículo de la fructosa.

 

 

       

                   Pero además deberemos realizar algo más: cuidar nuestro intestino para que sus digestiones sean ligeras y las adecuadas a nuestra salud. Empecemos con ello.

         La amilopectina, 80% del almidón, tiene tres categorías según su facilidad para ser descompuesto en azúcares simples. 1ª Categoría A, el almidón proveniente de los cereales y algunas otras plantas, remolacha, caña de azúcar o quinoa que se digiere prácticamente en su integridad en forma de dextrosa; 2ª Categoría B, claro ejemplo patata, batata, yuca o zanahoria y la infinidad de bulbos que encontramos comestibles. Es menos aprovechable, creo recordar que entre el 45 y 50%, y en orden creciente de obtención de azúcar: cruda, luego frita y finalmente hervida. Por último la 3ª Categoría C, las legumbres en que puede bajar hasta el 20%, por eso fermentan tan lentamente produciendo gases y su digestión es más pesada, pero también más sana.

         La amilopectina es muy parecida en su fórmula al glucógeno que es una manera de guardar energía por parte del hígado cuando le llega fructosa. Próximo artículo sobre la fructosa, temblad comedores de fruta.

         Si nosotros tenemos alfa-amilasa en la saliva quiere decir que comíamos azúcares, si luego aumentó es una cuestión evolutiva. Este azúcar podría provenir de la sangre y las células de la carne de los animales que comíamos. A ver, éramos carnívoros carroñeros y todo ello conlleva una digestión de bacterias en nuestro intestino a tope.

         Y hace un millón de años, sería por San Juan, se organizó una hoguera que duró mucho tiempo, el suficiente para entender que el fuego calentaba y cocinaba, que ahuyentaba a los enemigos propios. La “gente” se metía entre las brasas y cenizas para coger y comer restos de animales cocinados. Eran más sabrosos pero principalmente, y fundamentalmente, ¡eran más dulces y se digerían mejor! Tenían más azúcar debido a la reacción de Maillard.

         El primero que cogió el tizón se quemó, pero el segundo lo cogió por donde no había quemado todavía y se lo llevó a su cubículo, otro cogió otra y la añadió, así sucesivamente hasta que vieron como se alimentaba el fuego. Ya nunca dejarían que se apagara la hoguera. Se calentaban, cocinaban y ahuyentaban a las fieras, incluidos sus parientes más próximos de los que recientemente nos acabábamos de separar evolutivamente.

         En estos festines comíamos la carne y las vísceras, nos infectábamos de las bacterias de los animales cazados. Unas se asimilaban a nuestro intestino con sus adhesinas y otras eran expulsadas mediante las bacteriocinas. Y la fiesta continuaba por dentro y por fuera, nos adaptábamos al medio ambiente o mejor dicho, lo empezábamos a dominar, y las bacterias se adaptaban a su medio ambiente, nuestro intestino y las viandas que ingeríamos.

         Un día, ayer más o menos, durante una terrible guerra, todas las guerras son terribles y no se consigue nada con ellas más que empobrecer y envilecer a la Humanidad. Un señor llamado Alexander Fleming descubrió la penicilina por casualidad. Fue una infección casual de un hongo sobre una bacteria, Staphyilococcus aureus, a la cual mató.

         Como Don Alejandro era culto vio enseguida la aplicación del descubrimiento casual que dio lugar a los actuales antibióticos.

         Y ahora ¿qué está ocurriendo con los antibióticos? Pues bastante sencillo. Como vengo diciendo desde tiempo inmemorial, o sea el milenio pasado, o quizás más cercana la centuria anterior, los antibióticos se cargan la flora intestinal, ya sé que flora está mal dicho pero la biota es más amplia, y flora no debería abarcar a las bacterias, es como llamar hidratos de carbono al almidón, perdón.

         Como os dije las bacterias se adhieren a la pared intestinal con sus adhesinas, que para eso las tienen. Me tomo el antibiótico para combatir una lo que sea y, mientras el antibiótico circula por el intestino, va matando a las bacterias que nos fermentan y descomponen la comida generando productos que nosotros solos no somos capaces de generar.

         Sin quererlo nos estamos desequilibrando, debemos reponer con urgencia la flora a base de yogur y kéfir, productos fermentados acidolácticamente. Los párrafos anteriores no están escritos para rellenar, están escritos para que vayáis entendiendo de qué va nuestra vida, que somos algo más y que nuestra biota es un órgano tan importante como el hígado o el corazón. Este sistema complejísimo descompone, corta por así decirlo, las moléculas que recibe para que nosotros las podamos absorber y utilizar, y lo hace con el 85% de lo que comemos, nuestras enzimas descomponen el 15% restante.

         Hemos matado nuestras bacterias ¿alguien se imagina lo que ocurre allí dentro? No, creo que no pues se tomarían precauciones y darían consejos como doy aquí. La bacteria al morir deja células intestinales al descubierto que siempre estuvieron protegidas ¿es lógico o no? Las matamos y se pierden sus adhesinas. Luego viene el bolo alimenticio empujado por los movimientos peristálticos y rasca esas células produciendo ulceración.

         Pero nosotros no ayudamos pues hemos comido bien y nos hemos atizado un buen vinito, luego el café y el güisqui, o carajillo que es más nuestro. ¿Os imagináis la agresión que se sufre en esas células? Pero la cosa no acaba aquí.

         A las ocho de la noche nos tomamos otra cápsula de ampicilina y ¡zas! nuevo ataque pero esta vez sobre unas células irritadas que absorben parte de la medicación y se produce un ataque de dimensiones catastróficas: nos estamos cargando a la bacteria que tenemos dentro de la célula, nuestra famosa y querida mitocondria. Ya os digo que las cosas están escritas con demasiada intención, con doble intención e incluso algunas con triple intención.

         ¿Colon irritable? ¿cáncer de algún tipo? ¿días y días con digestiones o dolores imposibles?

         Pregunto a la ciencia: cuando matamos a la mitocondria de una célula ¿eliminamos su apoptosis? ¿convertimos la célula en una totiplenaria? ¿estamos generando cáncer al dejar una división celular al margen de la apotosis?

         Yo monto la teoría y ustedes la deben desmontar.

         Cuando toméis antibiótico, por favor, tomar a las dos o tres horas un yogur o un poco de kéfir. Pero también preguntar al médico si es estrictamente necesaria la toma de antibiótico. Yo he estado 25 meses con faringitis, diaria, a base de manzanilla y tomillo. Si hubiese tomado antibiótico nunca me habría curado de la Sensibilidad Química Múltiple, ni de la Fatiga Crónica, ni de la Electrosensibilidad, ni os estaría escribiendo estas líneas.

         Mi faringitis era fúngica y la toma de antibióticos nunca hubiera resultado benéfica ni curativa. Las anteriores faringitis en las que sí tomé antibióticos, porque era un ignorante, y de las que nunca curé, fueron las precursora de todos mis padecimientos. Haced el tonto como hice yo, pero luego no os quejéis.

         Como dijo Julio, muy amigo mío, al paso del Rubicón: Alea iacta est, que según Plutarco la pronunció en griego, pero independientemente de esa cultura que tenían los generales romanos, fijaros que Alea es suerte, de donde viene aleatorio; iacta, porque en latín no existía la jota, es eyacular, echar los dados; est, evidentemente está, porque no sabe inglés.

         Las evidencias científicas que se van publicando avalan este artículo y los varios que ya escribí conforme a lo mismo. Buscarlos, no tengáis la vaguería de que siempre os indiquen el camino, equivocarse es bueno puedes aprender otras cosas inesperadas, entrar en otro mundo distinto, déjate seducir por la fantasía y la imaginación, pero cuídate.

         Felicidades a Papás y San Joseses y Josefas, y especialmente “medias felicidades” a esas mujeres que también hacen de padre.

         19 de marzo de 2015, Eduardo Casasnovas Susanna.